Llenando el GPS, otra vez
Llamadlo instinto depredador, olfato asesino, o una suerte que te cagas, pero algo me hizo saltar del asiento de la barca donde iba dando tumbos cómodamente y decirle a Álvaro:
- “Detén la embarcación de forma inminente pero controlada e invierte el rumbo de la marcha, ya que el equipo de sondeo ha detectado una ligera irregularidad en el fondo marino que quizás, a lo mejor, sería conveniente revisar por si se tratara de un buen sitio para practicar la pesca submarina”-
Que traducido al argot panocho-sub vendría a ser
- “¡¡¡¡¡Acho, Acho!!!!!!”-
Llenando el GPS
Para este fin de semana había tomado la firme decisión de no ir a pescar. Y es que para estas cosas hay que ser tajante y no dejarse llevar por la ilusión y las malas influencias de los amigos que te pican.
¡NO!.
¡He dicho que no!.
Desde que volví de Holanda, hace un mes, me he ido todos los fines de semana a pescar, he hecho unos 4500 km con el coche, 1500 de ellos en un solo día, casi 1000 con la barca a cuestas. Seguir leyendo…
¡Sopa de Porraca!
Amanece en la Torre de la Horadada, todos duermen menos yo. Me muevo torpemente en la oscuridad del salón de mi casa con la única referencia del marco de la puerta que deja pasar un débil filo de luz. Tropezando con las sillas y con la mesa. Esta gente no se despierta a pesar de todo. Abro la puerta aún somnoliento mientras me rasco la barriga, bostezo, me estiro y vuelvo a cerrar la puerta, 1.25 segundos más tarde abro de nuevo la puerta, pero esta vez con la cámara en la mano.
Es 17 de Octubre de 2009 y por delante un fin de semana prometedor: los amigos, el mar y la pesca. Dos invitados de excepción, Ramón y Dani que llegaron anoche tras un largo viaje desde Logroño y Pamplona respectivamente.
Mientras van despertando no me puedo resistir a irme a la cochera para ir preparando a saltarina, nuestra andaluza y reciente adquisición. Este es su primer fin de semana con nosotros (aunque ya la probamos el fin de semana anterior, recién traída).
El tiempo no es del todo propicio, el mar está sucio y amenaza levante, parece que habrá que recurrir al plan B: Cartagena, donde seguramente estará todo el mundo pescando, las rampas llenas, y las neveras vacías. Con ese agobio tremendo decidimos que hay que madrugar para llegar a primera hora. Vamos estibando la carga en el yate, lo primero y más importante, la comida, y lo demás, por donde sea. Seguir leyendo…
Franxo’s Return
La brisa marina arrastra consigo cristales de sal que chocan contra mi piel, mis ojos casi cerrados evitan el sol excesivo del mediodía mientras el pelo alborotado azota mi rostro. La mirada perdida en el vasto horizonte, lleno del azul del cielo y del mar.
El sonido de las olas al romper contra la orilla apacigua mi ánimo, y el aire marino llena mis pulmones invitándome a retenerlo en mi interior unos instantes para recordar lo que soy.
Estoy de vuelta, estoy en casa.
He quedado con mis amigos, como antes, todo tan fácil y rápido como una llamada de teléfono… ¿pesca?, – pesca-
Nos volvemos a juntar tanto tiempo después de la última, parece que fue ayer que nos despedíamos “hasta la próxima” y aquí estamos de nuevo. Como si no hubiera pasado el tiempo, como si sólo hubieran pasado una o dos semanas como solíamos hacer antes.